9 de mayo de 2015

02

Tus pestañas apuntan al techo, como si quisieran dirigirse al cielo. Pareces tan tranquilo así, dormido. Me gustaría delinear con un dedo la curva que forma tu nariz, pero temo que mi caricia te pueda despertar. «¿En qué piensas? ¿Qué estarás soñando?», me pregunto. A lo mejor estás teniendo un sueño increíble o, a lo mejor, estás teniendo la peor pesadilla de tu vida. No creo que estés teniendo una pesadilla, tu gesto está apacible. No obstante, sueles ser tan poco expresivo que puede que sí que estés sufriendo por dentro. ¿Debo despertarte sólo por mi mal presentimiento? Decido finalmente pasar mis dedos por la pálida piel de tu mejilla, delineo despacio la orografía de tu rostro. Podría hacer un mapa de ti, podría dibujar de memoria cada recoveco de tu piel. Podría no irme, no dejarte aquí solo, pero ya he hecho la maleta. 


¿Cómo hemos podido perdernos cuando fuimos tan grandes el uno para el otro? No es que te hayas equivocado, ni que me haya equivocado yo. Simplemente, yo no soy la misma. Sonrío, dejando al fin el beso triste de la despedida en tu frente. Lo siento, pero a cada esclavo le corresponde buscar su propia libertad, y tú no eres la mía. 



Adiós, me dispongo a buscar un futuro que se convierta en presente, donde -para mi suerte o desgracia- viviré el resto de mi vida.






1 comentario:

  1. Me gusta mucho cómo está escrito, transmite muchas sensaciones. Empieza con una líneas románticas y termina con melancolía. Quiero resaltar que me ha gustado mucho eso, las dos sensaciones encontradas. La que transmite al principio y al final.
    Un saludo :)

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