21 de mayo de 2015

03

Paseo los dedos por las chinchetas, acariciando con ello los lugares que he marcado en el mapa. Pienso ir a todos lados y a la vez a ninguno. Pienso caminar, correr, saltar. No me importa tener la cartera vacía, para caminar no es necesario nada aparte del ánimo y la fe. Ah, y una botella de whisky, de ése al que le pegas un trago y te arrepientes en el acto.

He marcado, sobre todo, pueblos. El encanto de los pueblos no tiene nada que hacer contra el bullicio de las ciudades. Quiero recorrerlo todo, quiero ir despacio y no perderme nada. Quiero tropezar con todas las piedras que me entorpezcan los pasos.

Lo cierto es que me da miedo emprender este viaje sola, pero sé que es lo mejor, que es lo que necesito. Cuando te sientes perdida, la solución es aprenderse los caminos. Comienzo a quitar las chinchetas, despegándolas del mapa y dejando al aire los pequeños agujeritos que éstas le han hecho. Al final, el mapa que antes había quedado pegado a la pared gracias a la sujección de las chinchetas, cae. Entonces me doy cuenta de algo asombroso. En la pared he dejado marcado el recorrido con pequeños boquetes que forman una constelación muy singular. Los recorro con las yemas de los dedos, sintiendo en la piel el tacto de la rugosa pared. Este es el primer paso.






1 comentario:

  1. Me ha encantado también este relato. La manera de expresar me encanta, a medida que lo leo lo veo también.
    Visitaré esta sección a menudo a ver si encuentro más relatos :)

    ResponderEliminar

Agradezco que deje un comentario, pues los comentarios son lo que le da vida a un blog. No obstante, ruego que no haga spam ni deje links directos.
¡Gracias de antemano!